EL SER HUMANO Definición: “Es un ser creado a imagen y semejanza de Dios”.
Gen 1: 26-27 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó.
Cuestionamiento: Aquellos que con sus actos no hacen la voluntad de Dios, son semejantes a Dios? ¿Podemos decir que somos imagen de Dios?
Respuesta:Definitivamente una persona que con sus actos no hace la voluntad de Dios, no es imagen de Dios, Dios quiere lo mejor para nosotros, por ello nuestra conducta y nuestras actos nos deben llevar a ellos, pero eso solo depende de “nosotros mismos”, supongamos que compramos un carro nuevo que funciona a gasolina de 95 octanos, no le echaremos petróleo o mejor aceite quemado, el carro debe funcionar con gasolina, lo misma pasa con nuestra vida, Dios nos dio una conciencia interna que nos dice que es bueno y que es malo, que va de la mano con los mandamientos y la doctrina de la Iglesia que nos indica que es lo “mejor para nosotros”, no son imposiciones sino es la mejor guía para nuestra vida y felicidad. Por ello meditemos este pasaje de la Biblia Deuteronomio 30,15 “Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Lo que hoy te mando es que tú ames a Yavé, tu Dios, y sigas sus caminos.

El ser humano es una unidad, conformada por cuerpo, alma y espíritu
Nuestro cuerpo vinculado directamente a necesidades básicas como respiración, alimento, bebida, abrigo y otras necesidades vinculadas al bienestar. Estas necesidades debemos suplirlas en cuanto son suplidas nos llevan a una satisfacción o placer, el cual como todos podemos experimentar es momentáneo, y esta necesidad aparecerá de nuevo. Por lo que es claro, que lo biológico no explica todo lo que somos. Si seguimos avanzando en nuestra propia experiencia como personas, advertimos que nuestra relación con el mundo trasciende este nivel, así llegamos a descubrir que poseemos una dimensión psicológica, necesidades intelectuales (de saber, comprender, abarcar la realidad, etc.) y necesidades afectivas. (1). Por lo que no sólo somos cuerpo, Aristóteles decía: Entre los constitutivos ontológicos del hombre, el alma figura como la raíz de nuestro vivir en todos sus grados: vegetativo, sensitivo, intelectivo. No es el alma la que vive, sino el hombre total en virtud de su alma.
Es así que por ejemplo una persona que está en coma, mantiene las funciones básicas de su cuerpo, pero no está consciente, no puede hablar, reir, expresarme. Tiene una realidad que no permite mostrar su dimensión del alma y el espíritu.
Definamos que es el alma «es una sustancia que participa de la razón y que está capacitada para regir el cuerpo» (De quant. animae, XIII 22); Santo Tomás de Aquino explica que nuestra alma es subsistente el obrar responde al ser en acto» (1 q75 a2). Así pues, el alma tiene el ser de una sustancia y recibe el cuerpo en la comunión de su propio ser, el alma comunica el mismo ser con que ella subsiste a la materia corporal, y de ésta y del alma intelectiva se forma una sola entidad, de suerte que el ser que tiene todo el compuesto es también el ser del alma. Por tanto y haciéndolo más fácil de entender decimos que el cuerpo y el alma son uno sólo, no se puede separar, pero a su vez como dice el Catecismo: el cuerpo humano está animado por el alma espiritual, sin alma no hay cuerpo. Ejemplificando una persona en coma, tiene sus funciones vitales, pero no habla, ni expresa afectos, ni su capacidad intelectual, entonces esta vida no puede expresarse, todo está contenido en el alma, que es recipiente del espíritu y de la mente. Nuestra alma, no sólo es intelectualidad como afirman algunas corrientes, contiene nuestros sentimientos y emociones, y ellas a su vez nos pueden colmar de experiencias positivas y buenas, como son la alegría, la esperanza, la paz, etc., como nos pueden llenar de sentimientos negativos como odio, rencor, temor excesivo, etc, por ello, nuestra alma es el depósito de la materia que integra el cuerpo.
Ninguna de estas dos dimensiones agota la realidad del ser humano sino que descubrimos algo más profundo e íntimo. Dicha realidad es la espiritual, que permanece como referencia continua de mi vida. Esta dimensión se expresa como huella de Dios en el ser humano, lo que se llama mismidad que consiste en el núcleo mismo del hombre. El Espíritu o el aliento de vida es de Dios. En el lenguaje Hebraico el Espíritu es lo que da vida.
Los dos términos alma y espíritu denotan el elemento espiritual del hombre desde distintos puntos de vista. Como espíritu es el principio de vida y acción, el cual controla el cuerpo, y como alma es el sujeto personal, el cual piensa y siente y desea, y en algunos casos es el asiento de las afecciones (3). Pero todo refleja esta que no solo somos cuerpo sino esta dimensión donde se encuentra la conciencia y la libertad humana, así como la apertura al encuentro, la capacidad de relacionarse con Dios, y la apertura al sentido de la existencia.
Un gran problema en la actualidad es el reduccionismo; esto significa que al tratar de entendernos a nosotros mismos tendemos a tomar una parte de lo que vemos y convertirla en la explicación global. De manera que podemos decir que el hombre no es solamente sus sentimientos o emociones, como tampoco es solamente su cuerpo, o sus roles o personajes, o pensamientos.
El serhumanoesunidady la dimensión espiritual es la más importante, pero no anula a las demás áreas sinoquedebe haber una jerarquía, de manera que sea lo espiritual lo que dirija y nutra la realidad corporal y psicológica. Quien pretenda la realización humana solo saciando las necesidades físicas o buscando el equilibrio psicológico sin la vida espiritual, permanecerá frustrado, incluso en el ámbito físico y psicológico. Porello demos el valor debido a estas áreas, necesitamos un tiempo para llenarnos del Espíritu de Dios, a fin de que nuestros sentimientos y acciones sean las mejores y correctas, que nuestro día a día no sólo sea dormir, comer, vestirnos, trabajar, ver tv , hagamos un espacio para fortalecer nuestra relación con Dios, con nuestra familia y con los demás, salgamos del trajín diario y del stress y escuchemos la voz interior y empezamos a ordenar nuestravida, y empecemos a llenarlos de la verdadera Felicidad que sólo lo da y puede ser colmada porDios, quees el sumo bien, el amor perfecto, el infinitamente sabio y perfecto sólo quiere lo mejorparanosotrosylos demás. Meditemos estepasaje de la Biblia en Rom 12,2: Cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.

Planifiquemos nuestra existencia como unidad: cuerpo, alma y espíritu. Se trata de vivir el señorío de sí mismo, trabajando porque sus tres dimensiones apunten armónicamente a la santidad en la vida cotidiana.
«Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo» (1Tes 5,23).